viernes, 29 de agosto de 2014

EDIPO REY, DE SÓFOCLES

Edipo rey es una de las obras clásicas grecolatinas más plenas y canónicas del teatro occidental. Su argumento, por tanto, es archiconocido para el espectador mínimamente iniciado. Esto no suele suponer que abordar su montaje sea más fácil, sino todo lo contrario. Llevar esta obra a Mérida con una compañía extremeña es todo un reto. Frente a los figurones mediáticos y televisivos que abundan en el festival se agradece el aire fresco que traen estas otras compañías, aunque incorporen a directores de prestigio como Denis Rafter.

Este, como responsable último de la puesta en escena, ha optado en esta ocasión, y de la mano de la versión del también extremeño Miguel Murillo, por presentarnos un Edipo un tanto atípico. El planteamiento dramatúrgico parece, de inicio, restar importancia al proceso interno del protagonista para derivarla hacia los aconteceres del contubernio ciudadano. El difuminar las entradas y salidas de los personajes que marcan los nuevos hitos en el (auto)descubrimiento de las circunstancias de la trama hace que pierdan fuerza las motivaciones del protagonista. El actor que lo encarna tiene que suplir con una pizca de histrionismo lo que no deja ver un desarrollo más confuso de los acontecimientos.
Estos desplazamientos dejan un tanto indefensos a los actores para acometer la tarea, por consabida que sea, de imprimir a sus personajes una plena actualidad. No sólo el espectador y los actores saben lo que va a pasar, sino que también parecen saberlo los personajes. El mismo coro de suplicantes adolece de la fuerza para exigir al monarca que ponga fin a la desastrosa situación de la ciudad, y parece más imbuido en intrigas internas u otras cuestiones partidistas. En este contexto los diversos mensajeros (Tiresias, Creonte, pastor, etc.) se configuran más como personajes anecdóticos, en vez de ser los verdaderos portadores del cambio constante que se cierne sobre la trama.

Yocasta es uno de los personajes más fascinantes del teatro occidental. Y no puede limitarse a constatar que alrededor de ella el mundo se derrumba sin intentar insuflar a Edipo la impronta de carácter que este necesita, hasta que la realidad se muestra irreconciliable con su misma persona. Asignarle un rol hierático, del que únicamente se aparta para gimotear su desgracia, no aporta nada al personaje, pese a los intentos de la actriz de darle al mismo la mayor dignidad posible.
La escenografía, sobre el imponente fondo arquitectónico romano, se centra en unos cubos practicables que sirven tanto de trono como de pedestal, y que contienen unos extraños números, que parecen corresponder a la primitiva numeración griega denominada acrofónica o ática, y que se alinearán al final para cerrar un espacio donde se verifica la tragedia.

Lástima de puesta en escena que se extravió entre vericuetos accesorios y autoflagelaciones. A lo mejor hay que pensar si el teatro en estos grandes espacios necesita más de acciones grupales o físicas, y de menos palabras ininteligibles. Interpretar no puede ser lo mismo en una sala mínima que en un gran espacio abierto. En el teatro griego había máscaras, pero no había susurros. La gestualidad y la psicología no se habían inventado. Por eso es complicado quererlas incorporar en un medio que tiene que matar la magia de la voz en directo con sistemas de amplificación. Estos confunden las voces y crean evidentes disonancias entre los diferentes códigos o artes que intervienen en esa otra global que es el teatro.
Por cierto, el trio cantante femenino, una maravilla.





EDIPO REY, DE SÓFOCLES

DIRECCIÓN: DENIS RAFTER

VERSIÓN: MIGUEL MURILLO

INTÉRPRETES: José Vicente Moirón-Edipo, Memé Tabares-Yocasta, Gabriel Moreno-Creonte, Javier Magariño-Tiresias, Juan Carlos Castillejo-Sacerdote, Camilo Maqueda-Mensajero, Jesús Manchón-Pastor, Francisco Quirós-Coro de suplicantes, Pedro Luis López-Coro de suplicantes, Javier Herrera-Coro de suplicantes, Ana Jiménez-Cantante /Coro de suplicantes, Ana Márquez-Cantante /
Coro de suplicantes, Laura Ferrera-Cantante /Coro de suplicantes, Pilar Brinquete-Criada, Vera Avellano-Antígona niña, Nuria Mordillo-Ismene niña

TEATRO ROMANO DE MÉRIDA

UNA COPRODUCCIÓN DEL FESTIVAL INTERNACIONAL DE TEATRO CLÁSICO DE MÉRIDA Y TEATRO DEL NOCTÁMBULO.

24 DE AGOSTO DE 2014

miércoles, 4 de junio de 2014

LOS MÁCBEZ, VERSIÓN DE JAIME CAVESTANY A PARTIR DE LA OBRA DE WILLIAM SHAKESPEARE

Los Mácbez son los Macbeth. Unos gallegos y otros escoceses. Pero son los mismos. La versión de Juan Cavestany es bastante fiel al original. Se han efectuado una serie de cambios para trasladar la acción a la Galicia actual, además de readecuar todos los personajes para la puesta en escena. Reyes y condes son ahora Directores Generales y Consejeros de la Xunta. Pero los temas del poder y la corrupción siguen más que vigentes en la sociedad, por eso los clásicos siguen siendo plenamente actuales. 


La puesta en escena que propone Andres Lima es frenética. Destacan la escenografía minimalista, donde un habitáculo en forma de cubo distorsionado, con paredes blancas y tres sillas transparentes, se conforma como único espacio de actuación, además del proscenio. Solo hay dos puertas de acceso. Una perpendicular al público, a la izquierda, también distorsionada en perspectiva, y una frontal a la derecha del público y fuera del cubo. La luz se convierte así en protagonista cambiante de una acción trepidante, matizando situaciones o enmarcando los diferentes niveles cognitivos. El espacio sonoro también tiene una presencia abrumadora, siendo fundamental a la hora tanto de diferenciar como de armonizar el conjunto escénico prácticamente vacío. Por eso la extraescena es otra de las protagonistas fundamentales de esta propuesta. Fuera de escena sucece, acontece, se alude o se presagia mucho de lo que vemos en el escenario.
Los actores de reparto están sencillamente maravillosos. Todos doblan varios personajes y lo hacen a la perfección, sin que al espectador se pare a pensar o le estorbe que sean ellos mismos quienes continuamente se muestren en escena. Actuaciones contenidas o desbordantes,  multi-registro, que verifican sus cambios, incluso de vestuario, muchas veces sin salir de escena, convirtiendo el escenario en un verdadera retablo de los prodigios. Y todo ello teniendo que transmutar de la comedia a la tragedia en cuestión de segundos y cambiando radicalmente de identidad.
Macbeth era una tragedia. Es una tragedia. Pero estos Mácbez tienen un punto de comedia. De comedia macabra, diría yo. Algunos han tildado la obra de comedia negra, pero negra no puede ser cuando no es asunto de la trama averiguar la figura del asesino, que todos los espectadores conocen ya que las muertes de verifican muchas veces en escena. Comedia sangriento-filosófico-neuronal, diría yo en otro tiempo.  Pero sólo en pequeñas dosis. Que no está el poder, o los que lo detentan, para tonterías.


Y esto entronca con los protagonistas. Mácbez y la señora Mácbez. Javier Gutiérrez encarna un Mácbez cobarde y miserable, como debe de ser. Gasta un tono lloroncete y apocado que contrasta con esos momentos de efusividad y demasía. Bien, en general. Carmen Machi no está mal cuando se pone seria, aunque no logra darle ese matiz de mujer fatal y manipuladora, enigmática y sensual  que proyecta el imaginario de Lady Macbeth. Lo peor es cuando se pone histriónica, aunque no lo prodiga en esta obra, y le sale eso suyo característico, esa Aida que lleva dentro que te rompe la magia. 
Esto viene a cuento del viejo tema de los figurones televisivos en el teatro. En su derecho están de hacer teatro. Faltaría más. Algunos forman compañía o se juntan con algún avezado e intrépido productor y logran grandes resultados de taquilla y/o artísticos. Otra cosa es que en tiempos de crisis copen los protagonistas en el teatro público, desplazando a otros actores netamente de teatro, que intentan abrirse paso o mantenerse en medio de esta cruenta crisis. Ya lo digo yo….Así es la vida. 


LOS MÁCBEZ, VERSIÓN DE JAIME CAVESTANY A PARTIR DE LA OBRA DE WILLIAM SHAKESPEARE.
DIRECCIÓN: ANDRÉS LIMA.
TEATRO MARÍA GUERRERO DE MADRID.
MARTES 3 DE JUNIO DE 2014.

domingo, 1 de junio de 2014

COMO GUSTÉIS, DE WILLIAM SHAKESPEARE


Pocas veces me salgo de un teatro, y esta ha sido una de ellas. Lo siento por Shakespeare, ya que nunca habría pensado cometer tal osadía. Pero es que hay cosas...
Como gustéis es una comedia en la que el bardo deriva los conflictos palaciegos hacia un ámbito cuasi pastoril, el bosque de Arden, donde entre equívocos, pantomimas y filosofía, los amores podrán florecer lejos de la civilización, sujeta esta férreamente al egoísmo humano.
Podemos, se puede, convertir el epílogo en un prólogo. Y no pasa nada. Podemos crear una escenografía sugerente y vestir a los personajes de bonitos trajes. Podemos involucrar a un montón de artistas. Pero no podemos derrochar su talento (y el dinero de todos). Podemos transgredir a Shakespeare, pero no debemos banalizar y desactivar todos sus recursos para terminar haciendo de su obra algo soso y aburrido, falto de emoción y perspectiva. 


Denominar comedia con música para actores a esta puesta en escena es tener ganas de... justificar lo injustificable. Porque lo que parece es que se ha cogido un texto de teatro clásico, se ha añadido música de todo estilo y pelaje y se ha agitado la coctelera. Y ha salido lo que ha salido. Porque los números musicales no están justificados. No ilustran, no recalcan, no revelan, no emocionan, no nada... de nada. Simplemente se pone a toda la compañía a cantar. Y unos cantan más que otros. Algunos, decididamente, muy bien. Pero me pierdo. Me pierdo entre canción y canción. Y de canción a canción me aburro.
La parte actoral se verifica en verdadera histeria durante la primera parte. Peleas, gritos y estridencias envuelven entradas y salidas precipitadas que hace que los actores tengan que volver a escena para terminar sus parlamentos. Y otra vez, hasta la saciedad. Los personajes se rebelan ante sus oponentes y desoyen toda lógica interna en un afán de gritar más que el contario. Y para suavizar nos echamos una cancioncita. Parece que se van calmando las cosas cuando llegamos a nuestro idílico bosque, aunque ya es demasiado tarde para filosofías...


Y llega el intermedio, después de hora y media. Y queda otro tanto. Aun así, parece, según leo por ahí, que la cosa no mejora en la segunda parte, sino todo lo contrario Y me digo, y nos decimos... ¿nos tomamos una caña? Y ahí está Lavapiés, como siempre. Ajeno al crimen que se está cometiendo con uno de los más grandes poetas del teatro mundial. Y no echo ni una lágrima. ¿Es posible que yo sea un calamar?, me pregunto. Y yo mismo me respondo que no. Que así es la vida...Y el teatro. Otra vez será...


COMO GUSTÉIS, DE WILLIAM SHAKESPEARE.
TEATRO VALLE-INCLÁN DE MADRID
29 DE MAYO DE 2014


lunes, 12 de mayo de 2014

MUJERES INFIELES, DE JUANA ESCABIAS



Las Nueve mujeres infieles que publicó el año pasado Juana Escabias en Ediciones Irreverentes han pasado a ser cuatro en esta estupenda puesta en escena de la Compañía Teatro Sonámbulo, que se presenta en el teatro Lagrada de Madrid y dentro del festival Surge Madrid.


La infidelidad no parece que sea actualmente uno de los problemas más acuciantes de nuestra sociedad, aunque esto no quiera decir que siga siendo una de las cuestiones más presentes y no resueltas de nuestras vidas. Lo que en otros tiempos y/o culturas era un verdadero drama, asociado fundamentalmente a la filiación de los hijos, ha quedado hoy relegado a la constatación del régimen mayoritario de monogamia sucesiva en el que nos hemos instalado. El que la infidelidad provenga de la mujer todavía tiene ese punto de intolerancia que, cuando es al contrario, parece aceptarse con menos problemas. Otra cuestión es la repercusión que tiene la infidelidad en los seres concretos que la padecen. Una cosa es la normalización social y otra que al derivar de un engaño produzca sus efectos. En unos casos positivos, ya sea como liberación o toma de la propia consciencia de sí mismo, y otras negativos en cuanto una de las partes no quiera o pueda aceptar la situación, o bien genere respuestas más o menos violentas.
Todo esto es lo que reflejan las diferentes situaciones que ha pergeñado Juana Escabias en sus Mujeres infieles. Para esta puesta en escena se han seleccionado cuatro escenas y se ha introducido una especie de ligazón para encuadrar las cuatro historias. El que hayan participado varios directores de escena distintos no ha desentonado el conjunto, si bien se observa una marcada tendencia hacia la comedia en las escenas 1, 2 y 4, quedando la 3 algo huérfana en su sentido más dramático. Cuando el aglutinante es el asunto, o la temática, siempre se corre el riesgo escénico de crear ciertos desequilibrios, que en este caso han sido solventados con la constatación panorámica que da unidad al todo. 


La coralidad de la propuesta no enmascara una rica, y sabrosa por momentos, gama de tonos actorales, dónde los giros inesperados, el humor ácido, la parodia inteligente o el juego de espejos colaboran en un resultado francamente divertido, ágil y sutil. Es este un teatro muy del aquí y del ahora, que hace posible el que nos veamos a nosotros mismos como esos monigotes capaces de hacer verdaderos mundos de lo propio sin dejar de trivializar el resto. 


Sin desentrañar la propuesta paso a diseccionar mínimamente cada una de las cuatro escenas:
1ª. Un matrimonio que se rompe. Un hombre dominador que se viene a menos (Pedro Fajardo) en un implacable ejercicio de asunción de la realidad. Una mujer de su casa (Adriana González-Borgas) que ya no es lo que parece y se muestra deliciosamente cruel en la asunción de las riendas de su propia vida. Desternillante.
2ª. Una pareja de amantes. Ambos casados. Ella (Elena Conchello), grácil potrilla, quiere amor donde él (Javier Vargas), vigoroso triunfador, sólo ve sexo. Cómica vuelta de tuerca e inesperada solución.
3ª. Un matrimonio de conveniencia. El marido (Juanjo Granda), aparentemente impertérrito, ve como se le escapa entre los dedos la vida de su mujer (Cedma Morales), estoica damisela, que ya no parece tan suya. Drama asegurado.
4ª. Otro matrimonio. Este en dificultades económicas. Ella (María José) se hace teleoperadora. Pero sus llamadas no acaban de convencer a su marido (Francisco Arellano). Hilarante escena con bebé monísimo incluido. 
Hay que destacar que producciones de este calibre, con evidente falta de medios, sean capaces de ofrecer la espectador resultados tan compactos y elaborados, donde el trabajo actoral es la materia prima casi única para moldear un texto actual y comprometido y dar como resultado puestas en escena que merecerían un mayor recorrido escénico. Mucha mierda.
 Programa de mano
MUJERES INFIELES, DE JUANA ESCABIAS
TEATRO LAGRADA, MADRID. ESTRENO 9 DE MAYO DE 2014.

miércoles, 2 de abril de 2014

EL ARTE DE LA ENTREVISTA, DE JUAN MAYORGA



Continúa la programación de autores españoles en el Centro Dramático Nacional con la obra El arte de la entrevista de Juan Mayorga. Nuestro ínclito Premio Nacional de Literatura Dramática 2013 presenta una obra sobre la intimidad familiar, que trata de la memoria y el olvido, del futuro y del pasado, de la realidad y la ficción, de quienes somos, como creemos que somos y como creen los demás que somos.
El desarrollo dramatúrgico de la obra se basa en un planteamiento aparentemente banal, como es la introducción de una cámara de video en ese entorno familiar a propósito de un trabajo escolar de la nieta. Esta introducción genera dudas en el espectador, que no acaba de engancharse a la acción hasta pasados veinte minutos en que se termina de presentar a los personajes. Abuela, hija y nieta, así como un muchacho que, a modo de entrenador personal, llega a la casa para atender a la abuela. A partir de ahí se suceden con fluidez los diálogos generados de dos en dos entre todos los personajes, que terminan entrevistándose todos a todos. 


El hilo conductor serán las revelaciones de la abuela, a propósito de una supuesta aventura amorosa de cinco meses, que transcurre en Alemania (patria imaginaria referencial del filósofo-autor), mientras que sus dos hijas pequeñas creían que se encontraba enferma en el hospital. Ficción de una mente en proceso de desestructuración o realidad revelada por alguien a quién nadie nunca preguntó. A partir de esta dicotomía gira la distorsión de unas vidas plácidas de clase media que tendrán que enfrentarse a esta nueva realidad.
El desenlace de todo este cruce de confidencias, que desencadena esta serie de entrevistas multilaterales, es lo más flojo del conjunto. El bello final disfórico destapa la inexistencia de conflicto entre los personajes y deja al espectador desconcertado ante una exposición dialogística inteligente y sagaz, pero que se manifiesta vacua e ineficaz. Los conflictos internos de los personajes son los únicos que se han evidenciado en escena, quedando el conjunto como una amalgama de vidas desconectadas que se eternizan en su particular diálogo de sordos. 


La puesta en escena, dirigida con mesura por Juan José Afonso, se sitúa espacialmente en el jardín de una casa grande o chalet, cuya estructura se insinúa en un lado derecho más elevado, mientras que todo el fondo está recorrido por un muro de ladrillo amarillento salpicado de algunas plantas colgantes. Diversos muebles de jardín configuran el espacio de actuación donde predomina la luz clara del día, que acentúa la sensación de realismo. Las salidas de escena de los personajes se efectuarán por el lado derecho hacia la casa y por el izquierdo hacia la calle.
Interpretativamente hay que destacar a Alicia Hermida, que hace el papel de la abuela, y que alcanza por momentos el estado de lo sublime. Su extrema fragilidad física choca vivamente con la fuerza interior que insufla al personaje. Sus devaneos memorísticos hacen posible la configuración de un discurso potente que nace en su interior y se contrasta sólo parcialmente con los otros personajes, que no dejan de tratarla como a un ser mutilado. La riqueza de su interpretación va desde esa desmemoria hasta la hondura más profunda y conmovedora del ser humano que sigue residiendo en ese cuerpo que el resto percibe como el de una vieja desechable. Pamplinas y pamplinerías no son suficiente anclaje para quién se sabe ya un estorbo. 
Programa de mano

La nieta actúa como objeto desencadenante de la acción, pero aporta poco más que su juventud como contraste. La hija es la que hace de puente entre ambas ingenuidades, de abuela y nieta, y soporta sobre sus hombros todo el peso de la vida real, que no necesariamente coincide con la vida emocional de todas ellas. El único hombre en escena, ese extraño entrenador personal, es un personaje simpático y vivaracho, que intenta contrabalancear los excesivos duetos de la obra y que a duras penas consigue introducir un punto de vista externo.
Destellos interpretativos y dialogísticos para una obra que quedó algo varada en el amplio escenario del teatro María Guerrero.




EL ARTE DE LA ENTREVISTA
DE JUAN MAYORGA
DIRECCIÓN: JUAN JOSÉ AFONSO
CENTRO DRAMÁTICO NACIONAL
TEATRO MARÍA GUERRERO DE MADRID
MARTES 1 DE ABRIL DE 2014

martes, 18 de marzo de 2014

EL VIAJE A NINGUNA PARTE, DE FERNANDO FERNÁN GÓMEZ



La autorreferencialidad es uno de los recursos artísticos que producen un efecto más clarividente en el mundo del teatro. No son pocos los ejemplos que podrían ponerse al respecto. Suelen provocar en el espectador una incorporación del mismo a la escena, mediante el establecimiento laberíntico de un juego de espejos donde se diluye, en cierta manera, la cuarta pared para hacer más accesible la ficción teatral.

Programa de mano
Es curioso que el El viaje a ninguna parte, de Fernando Fernán Gómez, no nazca como metateatro, sino que en origen sea una novela, que su mismo autor adaptará, dirigirá e interpretará para el cine. Su adaptación al teatro llega ahora de la mano del texto de Ignacio del Moral y la dirección escénica de Carol López. Intentando no repetirme más que el ajo, apuntaré que el que se siga insistiendo, ridículamente y desde instituciones como el CDN, en denominar versión a lo que es una adaptación de un género artístico a otro, raya ya en lo hilarante. De cualquier obra pueden hacerse infinitas versiones o reinterpretaciones de la misma. Ahora bien, cuando se traspone una obra artística de un género a otro, esto en castellano y español se denomina adaptación. Y no se llama así por caprichos nominalistas, sino porque las palabras dentro de un idioma han ido adquiriendo un sentido que no puede quebrarse por el capricho de algunos ilustrados de poca monta que no cuidan el lenguaje. Y cuando es evidente que no se trata de una transformación impuesta por la práctica cotidiana sino por la desidia.

Dicho esto  hay que reconocer que esta adaptación, tanto textual como escénica, me parece de gran mérito. Sin haber leído la novela, hay que referirse necesariamente a la película, ya mítica, que sustenta esta obra en el imaginario colectivo. Y hay que decir que esta puesta en escena sale airosa ante tan complicado reto. 
Argumentalmente se ha elegido centrarse en el periplo de la compañía Iniesta-Galván, desde la llegada del adolescente gallego e hijo ilegítimo del primer actor hasta la disolución de la compañía teatral vagabunda y ambulante. Se ha optado por mantener la ficción de que todo lo cuenta este primer actor, Carlos Galván, que desde su senectud rememora su vida como actor. Curiosamente la parte reflejada en la puesta en escena, y más alejada en el tiempo, es la que parece ser más real y apegada a la realidad, llena de dificultades e ilusiones que se van diluyendo. La parte eludida en la puesta en escena correspondería a la llegada del protagonista a Madrid, que refleja un mayor grado de fantasía ya que refiere triunfos que parece que nunca tuvieron lugar. El mantener esta especie de narrador sería la única pega que yo le pondría a la adaptación, ya que sin la parte final en el asilo no termina de entenderse y no parece que aporte mucho a una historia que ya es atractiva por sí misma.
Actoralmente la puesta en escena se nos presenta en un tono muy comedido que contribuye a hacer verosímiles unos personajes que viven de hacer reír pero cuya vida transcurre en unas circunstancias muy duras. La grandiosidad de la obra se establece en la dicotomía entre un mundo en extinción y la savia nueva que viene a revolucionarlo para finiquitarlo. Esta disyuntiva tiene su máximo exponente en la rivalidad con el cinematógrafo, tanto en la competencia de su exhibición como en su posibilidad como alternativa vital.
Este choque se refleja magistralmente en la escena del “señoriiiiiitoo” donde el abuelo hace una prueba para el cine. Siempre recordaré esta escena hecha para el cine por Fernán Gómez como una de las más hilarantes que haya visto jamás. Pero también hay que decir que Miguel Rellán hace posible que uno pueda revivirla en vivo sin complejo ninguno. Un Rellán que curiosamente he estado viendo toda esta temporada en el teatro Valle-Inclán sentado pocas filas detrás de mí y que ahora ha saltado al escenario. Un escenario y un mundo teatral muchas veces ingrato, como bien dejan patente los personajes de la obra, que se debería de dar el lujo de ofrecer un gran papel a este gran actor español.
También hay que destacar a Antonio Gil, que encarna un Carlos Galván muy acertado, camaleónico y serio, que sostiene y reparte a la perfección el peso de la obra. También destacaría a Tamar Nova que hace un pánfilo muy gracioso, y a todo el elenco que sabe cambiar de registro cuando es necesario de forma admirable. Una pequeñita puya metería al sugerir que pudiera formarse la compañía Molina-Viyuela, más que nada por el exceso de vástagos y parentelas en producciones públicas. Y con esto no digo que esté en contra de las sagas familiares en el teatro, pero parece que hoy el mundo escénico es algo más variado. Aunque este país es el que es.

Elenco
Todo el entramado escenográfico se muestra más alusivo al ambiente externo, polvoriento y desangelado de un territorio  inhóspito manchego, que a reflejar con detalle el ámbito interno mísero y decadente de una España de posguerra.  Algunas proyecciones hacen referencia a los sueños de grandeza del protagonista, mientras que luces, vestuario y atrezo contribuyen de forma simple y eficaz a conformar los diversos espacios y situaciones mediante índices y referencias mínimos. El movimiento de los actores resalta por el contraste entre la viveza gestual individual y la conformación de conjuntos parsimoniosos que entroncan con un devenir más genérico, tanto vital como físico.
Fernán Gómez creo que daría el visto bueno a esta adaptación. Aunque seguro que en ese momento llegaría alguien a preguntarle por la versión. GRRRRRRRR.

EL VIAJE A NINGUNA PARTE
de FERNANDO FERNÁN GÓMEZ
Dirección: Carol López
Teatro Valle-Inclán de Madrid. Jueves 13 de marzo de 2014