Parece que el CDN ha dejado de lado
algunos remilgos ideológicos, recubiertos de supuestas moderneces, y se atreve
a poner a Miguel Mihura en el teatro María Guerrero, algo que hasta hace poco
parecía más reservado al teatro Español de la línea Pérez Puig. Nunca es tarde,
si la dicha es buena. La programación del CDN ha sufrido diversas derivas, la
mayoría de ellas pocos congruentes. La dicotomía establecida años atrás entre
un María Guerrero para grandes obras internacionales, la CNTC para los autores
españoles del siglo de oro y una sala Olimpia (hoy teatro Valle-Inclán) para
las nuevas tendencias hace tiempo que quebró sin ser un mal esquema, aunque
dejaba con poco sitio a los clásicos contemporáneos españoles. Ahora parece que
estos se quieren recuperar con Ernesto Caballero al frente y se programa tanto
a Valle-Inclán, como a Fernán Gómez o Miguel Mihura, entre otros. Enhorabuena
por rescatar nuestro teatro, así como dar cabida a sus nuevas inquietudes.
Miguel Mihura siempre ha sido un
dramaturgo muy querido debido a su cultivo de la comedia. Una comedia diferente
que nace a principios del siglo pasado y se afianza en la posguerra civil por
imperativo legal y casuístico. La comedia de Mihura entronca con el teatro del
absurdo que se propone en los años cuarenta y cincuenta en el resto de Europa,
desde una óptica autárquica de lo inverosímil. Estos mismos recursos los
utilizan algunos de sus coetáneos, como Edgar Neville o Jardiel Poncela, que si
bien por edad pertenecen a la generación del 27, resultan menos afectos a ciertos
idealismos y terminan por quedarse en España en el lado franquista. Esto ha
hecho que cierta intelectualidad, preeminente desde la transición, los haya
relegado del panorama cultural durante estos años y esté costando mucho
reintegrarlos dentro de un marco normalizado y alejado de luchas políticas
partidistas, que muchas veces poco tienen que ver con lo que es su teatro. Todos
estos autores tienen en común el practicar un tipo de comedia detectivesca y/o
policiaca con ciertos ramalazos costumbristas que son más negras por su humor
que por su trama.
Programa de mano
El referente de Mihura es la “pièce
bien faite” (pieza bien hecha), en el sentido de que sus construcciones
dramatúrgicas funcionan a la perfección en cuanto a estructura
perfectamente ensamblada de acontecimientos. Es por tanto un teatro de
situaciones que busca la comicidad y el entretenimiento como sus mejores armas
y que, sin embargo, aparca el final feliz melodramático. Y todo ello gracias a
la búsqueda de nuevas sensaciones generadas por una trama eminentemente causal
centrada en los sucesos más escabrosos.
Carlota
es una de estas piezas llenas de asesinatos, reales o aparentes, confusiones y
equívocos, personajes esquivos y atmósfera densa. De ahí su acción se sitúe en
un Londres brumoso. Para empezar Mihura efectúa un giro prodigioso en uno de
los problemas más interesantes de la narrativa, en sentido amplio,
contemporánea. ¿Cómo es que unos señores ingleses hablan tan bien en español?
Estamos tan acostumbrados a ver el cine y le televisión doblados que ya no
damos importancia al asunto. Para obviar esto la obra comienza con un encuentro
casual en inglés donde un personaje pregunta a otro la hora. Cuando se va el
interrogador llega un amigo del interrogado y comienzan a hablar en español. Y
comentan lo bien que ha sabido decirle la hora en español a aquel que le
interpelaba en ese idioma. La inversión se ha efectuado sutilmente tirando de
un recurso aparentemente absurdo como es cambiar los idiomas. No hay duda, los
personajes hablarán en un elegante inglés londinense que suena a perfecto
español.
La puesta en escena de Mariano de
Paco Serrano huye de los floripondios de la afectación para centrarse en crear
los ambientes necesarios para el desarrollo de una acción que va y viene en
continuos flashbacks. La británica casa señorial prolonga sus ventanas hacia el
infinito, desacralizando el resto de la estancia sólo habitada por un piano y
un pequeño secreter. Por la derecha se sale a la calle. Por la izquierda se
intuye la habitación conyugal y por otra puerta se baja a la botica anexa. La
luz y la música marcarán las pautas de una acción, concretándola, que se quiere
envolver en un contexto cinematográfico con créditos de entrada y salida.
En este tipo de obras lo
fundamental es el trabajo actoral. Es un teatro eminentemente de texto. Pero un
texto lleno de guiños, recovecos, dobles sentidos, contradicciones y
disparates. Por eso los actores deben de saber mantener la contención necesaria
para apuntalar unas situaciones que muchas veces parecen contradecir a lo que
se dice. La obra requiere, por tanto, la caracterización de unos personajes muy
particulares o característicos, tanto en su ademán como en su interlocución.
Carlota está interpretada por
Carmen Maura. Huye la diva, que lo es, de sus tics habituales e intenta
incorporar a su personaje una naturalidad apabullante ante todo aquello que la
señala como otra cosa y ante tanto sinsentido que la contonea. Espléndida, y
majestuosa por momentos, configura una Carlota que parece vivir en el
imaginario del autor.
El resto del elenco pivota en torno
a su figura, aunque el hilo conductor sea la figura de su marido Charlie,
interpretado por Alberto Jiménez. Charlie es el sujeto desencadenante de la
acción. Es quién soporta los equívocos y maledicencias, precipitando todos los
acontecimientos. Sin embargo este Charlie habla apresuradamente, haciendo
difícil seguirle, y esgrime un tono más distante que apocado en toda la obra.
Es seguramente el punto más flojo de toda la puesta en escena. El resto de los
actores están magníficos. La pareja de criados, los Manning, parecen sacados de
una novela de terror y resultan muy cómicos en su contraste. También destacaría
a las dos amigas de Carlota, Margaret y Christie, que apuntalan alocadamente la
trama. Y, por supuesto, el detective Douglas que borda una patética e
inconsistente añagaza de Holmes.
Carlota
de Miguel Mihura
Dirección: Mariano Paco Serrano
Intérpretes: Pilar Castro (Velda
Manning), Vicente Díez ( Bill), Pedro G. de la Heras ( Doctor Waths), Natalia
Hernández ( Miss Margaret Waths), Alberto Jiménez (Charlie Barrington), Jorge
Machín ( Sargento Harris/Fred Sullivan), Carmen Maura (Carlota), Antonia Paso
(Mrs. Christie), Carlos Seguí (John Manning), Alfonso Vallejo (Douglas Hilton)
Una producción del Centro Dramático
Nacional
Teatro María Guerrero. Madrid, 7 de
enero de 2014
Duración: 1 hora y 50 minutos
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